jueves, 1 de marzo de 2007

Vigilados


En los últimos meses, una y otra vez me vuelven a la cabeza antiguas lecturas de ficción (1984, Un mundo feliz) y películas más recientes sobre futuros poco atractivos para la convivencia humana. La presentación de un nuevo sistema automatizado de multas me hace pensar en dónde acabará por situarse el límite de la intervención (o de la vigilancia) del estado en nuestras vidas. También la sentencia británica sobre si habría que intervenir en la custodia de un joven y obeso chico inglés.

Seguro que en algún caso será necesario, pero es que resulta que ya estamos vigilados en una gran parte de los espacios públicos (carreteras, autopistas, plazas mayores, monumentos, etc), en una gran parte de los establecimientos comerciales, en aparcamientos … .

¿Me estoy haciendo demasiado susceptible en la defensa de mi intimidad?

Ahora resulta que un vecino acaba de colocar una cámara de vigilancia en su puerta, pero mirando a la calle, con lo que debo saberme “ojeado” cada vez que paso por allí.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estoy completamente de acuerdo, pero no tengo claro qué podemos o debemos hacer.
Yo, por motivos similares a los que inspiran tu reflexión, no me pongo el cinturón de seguridad muchas veces (si no veo peligro). Es una forma de protestar, aunque no se a dónde me llevará (¿una multa?).
Paciencia