martes, 6 de marzo de 2007

Ratas


Escucho en el telediario que las ratas frecuentan una cadena de restaurantes neoyorkinos. Me surge la curiosidad por recordar algunas de las claves de su éxito biológico, sobre todo porque este verano pasado me tocó sufrirlas. Tras una lucha desigual decidí emplear recursos biológicos (adquirí un gato) y conseguí hacerlas desaparecer. Lo más asqueroso son los excrementos que deja por todos lados (en su vida excretan unas 25.000 cagarrutas y 6 litros de orina) y la sensación de impotencia mientras extiende su presencia y oyes sus chillidos por la noche. Sin querer les había preparado un lugar perfecto: una leñera junto al calor de la vivienda y a la tolva de comida para el perro.

Cuando comenzó a extenderse por el mundo (siglo XVI), en Europa desplazó a la rata negra gracias a su mayor agresividad y tamaño (¡puede alcanzar los 600 gramos!). Es buena nadadora, excavadora y sabe bucear. De hábitos crepusculares y nocturnos, pero si se encuentra a gusto también sale de día. Forma grupos sociales jerarquizados.

Viven unos 12 meses. La hembra es fértil durante todo el año y tiene entre 5-8 camadas. La cópula dura entre 2 y 3 segundos y la gestación unos 21-25 días. En cada parto nacen una la media de 12 crías, que maduran sexualmente a partir de las 8 semanas. En circunstancias ideales, una pareja podría dejar 35.000 descendientes.

Se alimenta de cualquier cosa pero también puede cazar (ranas, sapos, etc) y practicar el canibalismo. Puede consumir al día hasta un tercio de su peso y necesita beber agua (de ahí lo de las alcantarillas).

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